Texto y fotografías: Javier Prieto Gallego
La historia de la localidad de Alange está inevitablemente unida al descubrimiento realizado por los romanos en el siglo III aC de las propiedades medicinales del agua que brotaba en uno de sus manantiales. La cercanía de Mérida y del paso de la Vía de la Plata a pocos kilómetros propiciaron la creación de un balneario del que todavía se conservan dos de sus piscinas. Las propiedades mineromedicinales y curativas del manantial, que brota con un caudal de 316 litros por minuto de manera invariable desde hace siglos y a una temperatura de 28º C, se derivan de la radioactividad natural de aplicación médica que van acumulando en su afloramiento a la superficie. Esta característica hace que sean unas de las pocas en Europa indicadas para tratamientos del sistema nervioso.
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El original balneario romano quedó integrado en el que se construye a partir del siglo XIX, con multitud de instalaciones, piscinas, salas de terapia, galerías, jardines, etc. La construcción romana es un edificio rectangular en el que se ubican dos cámaras circulares, destinadas una para cada sexo, a las que se accede por una inclinada escalera de piedra. En el centro de las cámaras están las piscinas, también circulares. Dichas cámaras se cierran en el techo por dos bóvedas semiesféricas con claraboyas en el centro. En los años 30 del siglo XX fueron declaradas Monumento Nacional.









El pueblo, que se arrima hasta el mismo borde del embalse de Alange, está presidido en lo alto por la torre del castillo que los árabes levantaron en el siglo IX y que tuvo el indudable objetivo de vigilar el paso por la Vía de la Plata. Posteriormente perteneció a la Orden de Santiago. Entre las calles del pueblo se sitúa la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros, del siglo XVI y estilo gótico-mudéjar.
+ INFO. balneariodealange.com
DÓNDE.