Escultura de Chillida en Valladolid: Lo profundo es el aire.

Estatua de Chillida Lo profundo es el aire. Calle Cadenas de San Gregorio. Valladolid. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego
Estatua de Chillida Lo profundo es el aire. Calle Cadenas de San Gregorio. Valladolid. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego
Parece un olvidado mazacote de acero viejo y oxidado. Y sin embargo es mucho más que eso. En un discreto rincón de la ciudad de Valladolid puede verse la obra "Lo profundo es el aire", con la que el escultor Eduardo Chillida homenajeó en 1982 a su amigo Jorge Guillén.
Texto y fotografías: Javier Prieto Gallego

Preside un discreto rincón de una de las calles más transitadas por los turistas que visitan la ciudad de Valladolid. Tan discreto que muchos, si no es por las indicaciones del guía que les lleva, ni se dan cuenta de que ese mazacote de hierro oxidado que descansa junto a una encina no solo es el regalo de uno de los escultores españoles más internacionales y conocidos de la segunda mitad del siglo XX, Eduardo Chillida, a la ciudad. También la demostración de la amistad que le unió con otro grande, este de principios del mismo siglo, el poeta vallisoletano, genuino representante de la Generación del 27, Jorge Guillén (1893-1984).

Ambos se habían conocido en la universidad de Harvard por uno de esos cruces que diseñó, a su aire, el destino. Fue en 1971. El poeta, que daba clases en aquella universidad, estaba de baja por un problema de salud cuando apareció por allí Eduardo, invitado para impartir un taller en el Centro de Artes Visuales Carpenter.

Aquel encuentro marcó el punto de arranque de una relación e influencias mutuas que tuvo, tal vez como consecuencia inesperada, ese mazacote de hierro oxidado y a menudo regado por los orines de los perros, que lleva por nombre “Lo profundo es el aire”, la escultura que ideó un maestro de las formas para rendir homenaje al poeta, su amigo, Jorge Guillén.

Estatua de Chillida. Cadenas de San Gregorio. Nieve en Valladolid. Castilla y León. España.© Javier Prieto Gallego
Estatua de Chillida. Cadenas de San Gregorio. Nieve en Valladolid. Castilla y León. España.© Javier Prieto Gallego

El proyecto arrancó tiempo después de aquel encuentro inicial. En 1975 Valladolid estaba preparando un homenaje a Guillén. Un proyecto, aparcado por diversas razones hasta 1982, en el que inmediatamente Chillida manifestó su deseo de participar. Y lo hizo primero releyendo toda la obra del poeta para quedarse con un solo verso: “Más allá, lo profundo es el aire”. Más que un verso casi un lema que el escultor convirtió en una de sus influencias más trascendentales en obra, una manifestación de que el espacio y el aire son materiales tan esenciales como la piedra o la madera. De hecho, de ese verso surgió, además de la que podemos ver en Valladolid, toda una pequeña colección de obras en distintos materiales pero con la misma inspiración.

Y después del verso vino ponerse manos a la obra. Su primera idea fue realizarlo en hormigón aunque, finalmente, aquel verso lleno de aire acabó viéndose plasmado en uno de sus materiales preferidos, el acero. Así, de aquella amistad tan profunda como el aire brotó esa pieza de acero de 12 milímetros de espesor, 3,5 metros de longitud y 1,5 metros de altura que, según manifestó el mismo el día de la colocación, “carece de pedestal para acercarla al paseante”.

El lugar para colocarla, junto a los muros del convento de San Pablo, frente a la fachada del palacio de Villena y a un paso de la gloriosa fachada que enmarca la entrada al Museo Nacional de Escultura, también fue elegido por él, encaprichado porque su pieza, que ya imaginaba repintada por el óxido –y quién sabe si por el orín de los perros- contrastara con la blancura austera y seca de los muros de San Pablo, «porque con esta nueva escultura la profundidad estará en el entorno, en la inmensa pared de piedra que rodeará la estructura de acero; será una profundidad vertical», en palabras de Chillida. La obra fue una donación del escultor a la ciudad que, a cambió, abonó los materiales y la manufactura.

La catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, María Teresa Ortega-Coca, fallecida en 2018, que conoció y estudió al escultor, se refirió en diversas ocasiones a esta obra.  «La escultura es considerablemente barata», explicaba Ortega-Coca. «Cualquier gran museo o importante coleccionista pagaría tres veces más. El precio viene justificado por una técnica en la que Chillida es prácticamente único en el mundo, la forja, con materiales de tan enorme calidad que a veces son necesarios talleres de fabricación de barcos para doblegar las gigantescas vigas de hierro con martillos neumáticos», en palabras suyas recogidas por el periódico El Norte de Castilla. La experta en arte recordaba además que Chillida «no hace nunca esculturas huecas. Sus hierros y aceros son macizos, doblados y cortados al rojo y pueden pesar toneladas. Naturalmente son obras únicas».

Eduardo Chillida durante la inauguración de la escultura ‘Lo profundo es el aire’, homenaje a Jorge Guillén.

La escultura se inauguró en noviembre de 1982 con la presencia del propio Chillida, como uno de los actos más destacados del homenaje de la ciudad al poeta. Un homenaje, largamente deseado y finalmente acogido con interés de multitud de personalidades -desde los Reyes de España, presidentes del comité de honor- y, sobre todo, con el apoyo de los principales literatos del momento: Miguel Delibes, Vicente Aleixandre, Rosa Chacel, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Julián Marías o Francisco Umbral, entre otros muchos.


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